El regreso a casa: testimonios de asociados que volvieron a Coomeva y encontraron algo diferente
Hay decisiones que en el momento parecen definitivas y que, con el paso de los años, se revelan como simples pausas. Dejar de ser parte activa de Coomeva es una de ellas. Razones económicas, cambios de ciudad, etapas vitales complicadas o simplemente el desconocimiento de los beneficios disponibles llevan a algunos asociados a alejarse de la cooperativa durante meses o incluso años. Sin embargo, una parte significativa de ellos termina volviendo.
En este reportaje recogemos las experiencias de varios miembros que reactivaron su vinculación con Coomeva tras un periodo de ausencia. Sus relatos son honestos, a veces sorprendentes, y ofrecen una perspectiva valiosa sobre lo que significa pertenecer a una comunidad cooperativa en distintos momentos de la vida.
«Me fui por razones económicas, volví por las mismas»
Margarita lleva asociada a Coomeva más de veinte años, aunque con una interrupción de casi cuatro en el medio. Cuando su marido perdió el empleo y los ingresos del hogar se redujeron drásticamente, decidió suspender su membresía como medida de austeridad.
«En ese momento lo vi como un gasto prescindible. Pensé que podíamos arreglarnos solos», recuerda. Lo que no anticipó fue que, precisamente en ese periodo, su familia iba a necesitar con más urgencia los apoyos que Coomeva ofrecía: acceso a servicios de salud con condiciones especiales, asesoramiento financiero y la red de contactos que había construido durante años dentro de la comunidad.
Cuando la situación económica se estabilizó, Margarita reactivó su membresía. «Volví porque entendí que la cooperativa no es un lujo para cuando te va bien. Es una red de seguridad para cuando las cosas se complican. Y yo la había quitado justo cuando más la necesitaba».
El alejamiento silencioso: cuando nadie se va, pero nadie está
No todas las desvinculaciones son formales. Andrés nunca canceló su membresía, pero durante casi cinco años apenas interactuó con la cooperativa. Pagaba su cuota mensual de manera automática, pero no asistía a ninguna actividad, no utilizaba los servicios disponibles y, en la práctica, había dejado de ser un miembro activo.
«Era un asociado de papel», admite con una sonrisa. El punto de inflexión llegó cuando un compañero de trabajo le habló de un programa de formación financiera que Coomeva estaba ofreciendo a sus asociados. Andrés asistió casi por curiosidad y salió con una perspectiva completamente distinta sobre lo que la cooperativa podía aportarle.
«Me di cuenta de que llevaba años pagando por algo que no estaba aprovechando. Y no porque no existiera, sino porque yo no me había molestado en explorarlo». Desde entonces, Andrés participa regularmente en actividades comunitarias y ha animado a varios conocidos a vincularse.
Cuando el regreso llega desde otro país
Carlos emigró a España hace ocho años. En la vorágine de la adaptación a un nuevo país, un nuevo trabajo y una nueva vida, la membresía en Coomeva quedó en un segundo plano. «Pensé que, al estar fuera, ya no tenía sentido mantenerla. Que era algo de allá y yo estaba aquí».
Fue durante una visita familiar cuando su hermana le explicó que muchos de los beneficios de la cooperativa podían gestionarse de forma remota y que, además, Coomeva había ampliado sus canales digitales de manera significativa. «Cuando vi lo que me había perdido estos años, me arrepentí bastante», confiesa.
Carlos reactivó su membresía desde España y hoy utiliza los servicios disponibles en línea con regularidad. «La distancia ya no es excusa. Y tener ese vínculo con algo de casa también tiene un valor emocional que no esperaba».
Lo que cambia y lo que permanece
Los testimonios recogidos apuntan a un patrón común: quienes regresan a Coomeva suelen hacerlo con una mirada distinta. La experiencia de la ausencia les ha dado perspectiva sobre lo que la cooperativa representa, no solo en términos de servicios concretos, sino como comunidad y como red de seguridad.
Algunos mencionan también los cambios que han encontrado al volver: plataformas digitales más accesibles, una oferta de servicios ampliada y una mayor presencia en canales de comunicación que facilitan mantenerse informado. «La Coomeva a la que volví no es exactamente la misma que dejé, y eso es bueno», señala Margarita.
Pero hay algo que permanece constante en todos los relatos: el sentido de pertenencia. La sensación de formar parte de algo más grande que uno mismo, de una comunidad con historia y con propósito, es el hilo conductor que atraviesa cada historia de regreso.
Una reflexión para quienes están en pausa
Si en este momento tu relación con Coomeva es más formal que real, si llevas tiempo sin utilizar los servicios disponibles o si en algún momento dejaste de ser parte activa, quizás estas historias te resulten familiares.
Las razones para alejarse son siempre comprensibles. Pero las razones para volver, como demuestran estos testimonios, suelen ser igual de válidas. La comunidad está ahí, con sus recursos, sus personas y su historia, esperando que decidas explorarla de nuevo.
A veces, volver a casa es la decisión más sensata que se puede tomar.