Tecnología para todos: el compromiso de Coomeva con la inclusión digital de sus asociados
Vivimos en un momento en que saber navegar por internet, usar una aplicación móvil o acceder a un portal en línea se ha convertido casi en una habilidad tan fundamental como leer o escribir. Sin embargo, para una parte significativa de la población —en especial quienes superan los 55 años— la transición al entorno digital no resulta sencilla ni inmediata. Coomeva lo sabe, y ha decidido actuar.
Lejos de asumir que todos sus asociados llegan con las mismas capacidades tecnológicas, la cooperativa ha desarrollado una estrategia de inclusión digital que parte de una premisa clara: el acceso a los servicios y beneficios de la membresía no puede depender del nivel de competencia tecnológica de cada persona. Ese principio guía cada iniciativa que se describe a continuación.
¿Por qué importa cerrar esta brecha?
La exclusión digital no es únicamente un problema de comodidad. Cuando un asociado no puede acceder al portal de Coomeva, se pierde la posibilidad de gestionar su cuenta, consultar beneficios, solicitar servicios o participar en convocatorias. En términos prácticos, eso equivale a tener una membresía incompleta.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística de España, más del 30 % de las personas mayores de 65 años no utilizan internet de forma habitual. En el contexto cooperativo, esta cifra adquiere una dimensión aún más relevante, porque muchos de los socios más veteranos son también quienes más tiempo llevan vinculados a la organización y quienes más podrían beneficiarse de los canales digitales.
Coomeva ha tomado nota de esta realidad y ha apostado por un enfoque que combina formación, diseño accesible y acompañamiento humano.
Programas de capacitación digital: aprender a tu ritmo
Uno de los pilares de la estrategia de inclusión digital de Coomeva son los talleres y programas formativos diseñados específicamente para asociados con escasa o nula experiencia tecnológica. Estos espacios de aprendizaje se caracterizan por:
- Lenguaje claro y sin tecnicismos. Las sesiones evitan la jerga informática y se centran en tareas concretas: cómo crear una contraseña segura, cómo acceder al área privada del portal, cómo descargar la aplicación móvil.
- Ritmo adaptado. No se asume ningún conocimiento previo. Cada participante avanza según sus posibilidades, con refuerzo individual cuando es necesario.
- Modalidad presencial y virtual. Para quienes tienen dificultades de movilidad o viven en zonas alejadas de los centros de la cooperativa, existe la opción de acceder a los contenidos desde casa, con tutoriales en vídeo y materiales descargables.
- Acompañamiento de voluntarios y personal de la cooperativa. En algunos casos, asociados más jóvenes actúan como mentores digitales de compañeros mayores, lo que refuerza al mismo tiempo el sentido de comunidad.
Una plataforma pensada para la diversidad
Más allá de la formación, Coomeva ha trabajado para que sus herramientas digitales sean accesibles por diseño. El portal web y la aplicación móvil incorporan funcionalidades que facilitan la experiencia de usuarios con menor familiaridad tecnológica:
- Tamaño de texto ajustable para personas con dificultades visuales.
- Navegación simplificada, con menús intuitivos que priorizan las gestiones más frecuentes.
- Asistencia en línea en tiempo real, con chat de soporte atendido por personas reales durante el horario de atención.
- Tutoriales integrados que guían paso a paso al usuario en cada proceso.
Esta filosofía de diseño universal no solo beneficia a los asociados mayores. También facilita la experiencia de personas con discapacidades, de quienes acceden desde dispositivos con pantallas pequeñas o de quienes simplemente prefieren una interfaz más clara y directa.
Conectividad como derecho cooperativo
Coomeva también ha explorado alianzas con entidades públicas y privadas para facilitar el acceso a dispositivos y conectividad entre aquellos asociados que, por razones económicas, no cuentan con ordenador o conexión a internet en casa. En este sentido, la cooperativa actúa como puente entre sus miembros y los recursos disponibles, orientando sobre programas de ayuda pública, bonificaciones en tarifas y dispositivos reacondicionados a precios accesibles.
Esta dimensión del trabajo cooperativo pone de manifiesto que la inclusión digital no puede reducirse a enseñar a usar una aplicación. Implica garantizar que las condiciones materiales mínimas estén presentes para que el aprendizaje sea posible.
El resultado: una comunidad más conectada
Los efectos de estas iniciativas son visibles. Asociados que hace dos años no sabían cómo consultar su saldo en el portal hoy gestionan sus servicios de forma autónoma, participan en foros de la comunidad en línea y se mantienen informados a través de los canales digitales de Coomeva.
Más allá de la eficiencia operativa, hay un impacto humano que no debe subestimarse: la sensación de competencia y autonomía que genera dominar una herramienta nueva tiene un valor enorme para la autoestima y el bienestar de las personas mayores.
Coomeva no concibe la tecnología como un fin en sí mismo, sino como un medio para que cada asociado pueda ejercer plenamente su membresía, acceder a sus derechos y participar activamente en la vida de la cooperativa. En esa dirección, la apuesta por la inclusión digital no es una tendencia pasajera, sino una responsabilidad permanente.